PLIEGO PORTADA BZ241-1LA BESTIA 1327 -Valtorón Kawasaki Super Power-

Las Kawas siempre han parecido estar por encima del bien y del mal en esto de las motos. La marca no ha tenido una dedicación especial y específica al motociclismo, como es el caso de la gran Honda, ni de aparición tardía en los 4T como Suzuki y Yamaha, pero siempre, en los momentos puntuales, ha estado ahí desde la década de los sesenta.

Texto: Ángel de la Maza  
Fotos: Kristina Fender/Ángel de la Maza

 

Sus comienzos motociclísticos se remontan a finales de los cuarenta, aunque su tradición como industria del motor, específicamente en la aviación, es realmente legendaria.

 

La Meguro 650, a pesar de la inercia de las motocicletas británicas, demostró su calidad, bastante superior a la BSA Golden Flash a la que imitaba, con una intención que nadie, implicado en la industria de la motocicleta, despreció. De igual manera que las tricilíndricas 2T Mach III o las bicilíndricas en tándem de competición de 250 y 350 cc, que no faltaron en los circuitos del mundial en los setenta, las grandes motos de carretera fueron la tarjeta de visita y las que han perdurado en el tiempo y en la memoria de los aficionados.

 

Sin duda, el momento que definió el punto de partida de las superbikes de Kawasaki tuvo lugar en 1973 con el lanzamiento de la serie “Z”, producida, cómo no, por “Kawasaki Heavy Industries”, la misma que era propietaria de altos hornos, fundiciones y fábricas de maquinaria pesada, trenes, barcos…

 

Para la marca nipona no era complicado disponer del mejor acero para sus cigüeñales, o “desperdiciar” un poco de aluminio para dar más consistencia a sus cárteres… De hecho, esta primera motocicleta de cuatro cilindros en línea y doble árbol de levas en la culata, se convirtió en el paradigma de los setenta, y la moto con mejor predisposición para cualquier tipo de preparación Racing, a pesar de su motor de 100 kg de peso.

 

 

Su dureza y prestaciones la convirtieron en la motocicleta más fiable y rápida de la década, por lo que no fue de extrañar que pilotos como la pareja Godier-Genoud en resistencia o el americano Eddie Lawson en superbikes fueran un buen ejemplo de lo que se podía llegar a conseguir a partir de una excelente moto de calle.

 

Pero su motor, prácticamente indestructible, también fue el elegido con otros fines más extremos, como las pruebas de aceleración con inyección Nos, con compresor o con turbo… Y para ello, su cigüeñal montado sobre rodamientos se mostraba implacable ante cualquier esfuerzo.

 

Un dragster necesita –y se le exige– el máximo rendimiento en tan solo 400 m, y es ahí donde la Kawasaki se mostraba imbatible en los setenta, cuando las motos estaban abiertas a cualquier invento, cualquier mejora o cualquier extravagancia que sin duda daría forma a lo que habría de ser el motociclismo en los siguientes veinte años…

 

Solo era cuestión de tiempo que una bestia de este calibre cayese en manos de los trabajadores de Valtorón, donde el metal está omnipresente en el proceso de fundición. La comunión de los descubrimientos más increíbles de los “homínidos erguidos”, el fuego, la rueda y el hierro, se conjugan perfectamente en la fundición de Valtorón, donde las motos se han convertido en soporte de su maestría industrial, con el mismo método utilizado a comienzo del pasado siglo, y con la fuerza de los trabajadores del metal, como la nueva clase social emergente, y merced a la cual el planeta se llenó de acero, de retadores rascacielos, de sólidos puentes, de supuestamente insumergibles trasatlánticos, veloces trenes, modernos automóviles y transgresoras motocicletas, que habrían de ser las auténticas sustitutas de miles de años de caballerías, que convertirían a sus intrépidos jinetes en hombres libres.

 

Los tiempos antiguos de engranajes y metal domado se detienen más de un siglo después en esta fundición madrileña, donde el trabajo acaba convirtiéndose en arte, inevitablemente en este orden, al aplicar una técnica heredada de padres a hijos, aderezada por un innegable sentido artístico de origen sindicalista de clase… ¿Qué evoca el logotipo de Valtorón? Pura épica de hombres antiguos; un puño cerrado blandiendo una herramienta. Socialismo en estado puro. De hecho, el padre de nuestros amigos, Rafael Delgado, escultor de profesión, ya diseñó en otros tiempos el logotipo del PCE o los carteles de las fiestas anuales del PC en la madrileña Casa de Campo… Nada de qué avergonzarse en estos tiempos de destrucción industrial, cuando el capitalismo se quita la careta tras un ficticio tiempo de vino y rosas… De reluciente y excesivas motocicletas de concurso, de excesivo maquillaje, de prima donnas de escaparate. A cada tiempo lo suyo. Cuando se podía, se podía. Quizá ahora hay que explicar otras cosas. Como el trabajo, el conocimiento y la austeridad que conforman un nuevo tiempo. Ahora hay que demostrar las cosas, y de qué se parte para provocar emociones que evocan sentimientos.

 

No hay que ir demasiado lejos. Como decía Rimbaud, ¡Pobre de la rama que se crea violín! La rama no lo sabe; ni el metal fundido. Eso ya es decisión humana, pero para eso hay que saber en qué convertirlo y cómo. Como lo haría un dios ante una piedra. Como un herrero en su fragua, como Vulcano.

 

Había que vestir la Kawa para impregnarla de un alo mágico, distante, evocador y fuera del tiempo. Como si pudiese traspasar las páginas de un libro fantástico y premonitorio de Julio Verne. Lo demás son variaciones sobre el mismo tema. Como si todas las respuestas estuviesen en el martillo de Vulcano, la visión de Miguel Ángel y la fantasía de Julio Verne…

 

El proceso fue largo, aunque ya contaban con la base de un motor Kawasaki con los bajos de una KZ 900 de 1976 con embrague reforzado; los cilindros, con pistones de baja compresión MTC, son unos APE de 1327 cc con una culata de Z1000R de 1982, alimentado mediante un equipo de Mr. Turbo Rajay F40 y un carburador S&S Super B, con un encendido por magneto Sprintmag y bobina externa de alto voltaje Mallory.
Todo esto está sustentado por un chasis Eddie Lawson con llantas de magnesio Marvic. Más que frenar a la bestia hay que detenerla, y esto está encomendado a unas pinzas Brembo con discos Kawasaki delante y disco Brembo detrás.

 

La suspensión delantera es Yamaha con la tija superior fundida por Valtorón, lo que hace a la moto más baja de delante con respecto a la tija original; la suspensión trasera está encomendada un amortiguador Fournales de aire, sin muelle, que actúa sobre el basculante alargado, de aluminio, que a su vez sirve como calderín de aire para accionar el preciso cambio de marchas por pistón de aire comprimido.
La forma nació del modelado en arcilla, primero, para trasladarlo posteriormente a escayola, de donde se sacó el molde definitivo en arena, por el que, cual arterias, fluyera el aluminio en estado líquido, para dar cuerpo al conjunto de carenado, depósito y colín, con un imaginario aspecto de siluro fantástico…

 

La Bestia 1327” de Valtorón, fue presentada en el Show Bike del Mula Fest. El concurso fué puntuable para el Campeonato Mundial AMD del año siguiente en Essen (Alemania). Sin demasiada oposición, aunque con cierto resquemor por parte de algunos,“La Bestia 1327” se hizo con el primer premio, lo que le concede el privilegio de asistir a tan importante evento… El premio lo recibieron los hermanos Pablo y Carlos de manos de Enrique Mayor, editor de Biker Zone, como correspondía a la categoría, entre aplausos, ¡ya era hora!, esto está cambiando, ¡Ah, el concepto!, no arranca…

 

¿Qué no arranca? Unos días después “pedimos hora” en la catedral, y fuimos a divertirnos al Circuito del Jarama. Llamé a nuestra amiga, la fotógrafa Kristina Fender, para que también pudiese disfrutar de esta oportunidad, y nos brindase la bonita portada que ilustra este número de Biker Zone.

 

Sin duda, El Jarama era el lugar adecuado. El paddock, el pit line y parte de la recta – es absurdo pretender curvas con un dragster–, fueron el escenario perfecto en una luminosa y tórrida mañana de verano.

 

“La Bestia” volvió a la vida tras un par de metros de empujón, mientras el turbo aumentaba la presión. Solo había que asomarse a la trompeta del carburador S&S y ver como éste engullía la gasolina a chorros. Una vez el motor caliente, el bramido se volvió estable y perfecto. El pistón neumático del cambio funcionaba con exquisita precisión. Estábamos achicharrados de calor, pero felices de haber disfrutado de ese momento único. Ahora, lo compartimos con vosotros.

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